miércoles, 22 de noviembre de 2017

San Ruperto

Etimológicamente significa “ de fama brillante”. Viene de la lengua alemana. Muchas veces el origen de la etimología del nombre coincide muy bien con la persona que lo lleva. De hecho, hay pueblos y culturas que le ponen el nombre a alguien pensando en las cualidades de su familia o en las que tendrá en el futuro si le educan bien. Este joven misionero, llevado de los impulsos santos del Evangelio, llegó a la preciosa región de la Baviera alemana con el sano deseo de evangelizarla. Como hombre educado y con buenas cualidades de comunicación, se presentó ante el duque Teodo, que no tenía ni idea de la religión cristiana, y le pidió permiso para poder anunciar vivamente el Evangelio de Jesucristo. No encontró obstáculos en su petición. La hermana del duque era ya cristiana. Llamada por Dios, y ante la fama que estaba tomando el nuevo predicador, le insistió a su hermano para que oyera sus sermones. Tanto le convenció que al poco tiempo se convirtió al cristianismo juntamente con un gran número de personas. Lentamente fueron desapareciendo los templos dedicados y erigidos en honor de los dioses falsos o paganos. Una vez que le nombraron obispo de Worms, comenzó a trabajar por todos los límites de la región y llegó incluso a Austria. En sus correrías apostólicas, vio un castillo derruido. Mandó que sobre él se levantara una gran iglesia dedicada a san Pedro. Justamente en ella fundó el obispado de Salzburgo, mundialmente conocida porque allí nació y murió el sensacional músico Mozart. Buscando otro lugar para la paz y la oración, fundó el monasterio de Nomberg, del que fue abadesa santa Gertrudis. Este santo obispo no se quedaba en lo simplemente espiritual. Se preocupó por la educación y el adelanto material entre los ciudadanos, como por ejemplo, las salinas de Salzburgo. Su vida hay que situarla en el año 710. ¡Felicidades a los Rupertos y Rupertas!


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