martes, 21 de noviembre de 2017

San Humberto

Etimológicamente significa “el que tiene pensamientos luminosos”. Viene de la lengua alemana. Este patrono de los cazadores vino al mundo en Aquitania, Francia, por el siglo VII y murió en el 727. Gracias a que de joven le gustaba mucho la cacería pudo salvar a su padre, que era rey, de que lo matase un oso. Los padres lo enviaron a estudiar a Bélgica pero se volvió en seguida porque las costumbres que reinaban allá no eran las más propicias para la vivencia y práctica de la virtud. Sin embargo, su vuelta no fue lo que se aguardaba de él. Se entregó a las fiestas y pasó de la iglesia y de su fe. El mismo Viernes Santo se largó a una cacería. Tuvo un accidente y vio una cruz luminosa mientras escuchaba una voz que le decía:"Si no vuelves hacia Dios, caerás en el infierno". Salió corriendo a confesarse de sus pecados ante el obispo Lamberto. Desde este momento, el mismo obispo lo instruyó en la verdades cristianas. Tan hondamente las asimiló que abandonó su título de heredero del reino, vendió todo cuanto tenía, se lo entregó a los pobres y se ordenó de sacerdote en el convento de los Benedictinos. Sentía en sus venas el deseo de visitar la tumba de san Pedro y de ver al Papa. No hizo el camino en plan de carrozas y buenos caballos. Se fue andando por las montañas. Cuando el Papa Sergio lo recibió, le dio la noticia de que habían asesinado a su amado obispo Lamberto. Tú debes reemplazarle. Su trabajo pastoral estuvo lleno de dificultades provenientes, sobre todo, de la abundancia de ídolos que existía por la región. Llevado por su celo de apóstol recorrió todos los pueblos y aldeas anunciando la verdadera religión y al único Dios vivo y auténtico. Hizo muchos milagros con los que atrajo a mucha gente a la fe en Dios. Sabiendo que iba a morir, en la misa les dijo a los fieles:<


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