sábado, 18 de noviembre de 2017

San Jose Oriol

Etimológicamente significa “ el que se crece”. Viene de la lengua hebrea. Este chico, huérfano pero con buenas cualidades para el canto y lo religioso, lo acogieron los curas de la parroquia y lo enviaron al seminario. Su gran ideal, una vez que fue ordenado de sacerdote. Consistió en la educación de los jóvenes. Era un buen educador que supo ganarse la confianza y la estima de sus alumnos y de la gente por su simpatía, don de gentes y su equilibrio personal. Nació en Barcelona y vivió en la ciudad condal casi toda su vida. Animado por su espíritu religioso, se marchó en peregrinación a Roma. El mismo Papa le encargó que se dedicara a cuidar a la gente en una parroquia de Barcelona. Vivía austeramente. Todo lo que tenía, lo daba a los pobres. Era un ejemplo vivo para todo el mundo que lo veía y lo trataba. Pasaba mucho tiempo dirigiendo a las almas en la confesión e intentado que el amor de Dios reinara en todos los corazones de sus fieles. Dios le concedió muchos dones, entre los que cabe destacar su gracia en anunciar cosas futuras que, por supuesto, se cumplían tal y como las había anunciado. Tuvo la suerte de autoanunciarse el día de su propia muerte. Ese día lo dedicó íntegramente a cantar a la Virgen canciones o himnos hasta que le llegó el último momento en el año 170 a los 53 años. Cuando la gente se enteró de su muerte, acudió presurosa a verlo en el féretro para decirle un adiós sentido y querido. Y como es propio en estos casos, todo el mundo quería tener alguna reliquia del santo. Tantos milagros realizó que el Papa lo declaró santo para la Iglesia universal. El Papa fue san Pío X. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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