sábado, 18 de noviembre de 2017

Santos Emeterio y Celedonio

Etimológicamente significan “defensor y golondrina”. Vienen de la lengua griega. Estos dos hermanos de Calahorra pertenecían a las fuerzas armadas del imperio romano. Cuando tomaron contacto con los cristianos, se quedaron admirados del estilo nuevo de vida que llevaban, sus oraciones y su valentía en morir por defender su fe en el Cristo resucitado. El ejemplo vale más que mil palabras. Por eso dejaron el ejército para enrolarse en el de Jesús. Ya se sabe que Diocleciano, además de haber sido un cruel emperador, fue también un ladrón. Ladrón en el sentido de que robaba todos los archivos y actas en los que se hablase del martirio de los cristianos. No tuvo en cuenta que estos dos hermanos habían recibido por su valor la distinción militar llamada “torques”. No vale nada con tal de que triunfe la idea de la falsa religión romana y sus muchos dioses. Por eso mandó que los encarcelasen. Estaban habituados a la disciplina y al valor castrense. No le importaban los días de cárcel y los sufrimientos a los que eran sometidos. Prudencio, escritor también de la misma ciudad logroñesa, escribió versos acerca de estos hermanos. Se sabe que, ante su negativa de adorar a los dioses con incienso y de renegar de la fe en Cristo, los mandaron al río Cidacos, que pasa cerca, para darles el martirio. Cuenta la leyenda que, al ser vilmente ajusticiados, el anillo de Emeterio y el pañuelo de Celdonio subieron volando por el cielo como señales claras del triunfo que habían logrado ante sus enemigos. Los habitantes de esta bella ciudad comenzaron en seguida a tributarles el culto a los restos que se habían llevado a la catedral del Salvador. Otros santos, como san Isidro y san Eulogio alaban el valor de estos dos santos, patronos de Calahorra. Murieron en el siglo III. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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