miércoles, 22 de noviembre de 2017

San Leandro

Etimológicamente significa “hombre con fuerza de león”. Viene de la lengua alemana. El joven Leandro se empeñó en que su familia y su pueblo visigodo recibiera la luz de Cristo que, como una antorcha luminosa, cruzaría el suelo hispano. Tan fervorosa fue la conversión de su familia al cristianismo que los cuatro hijos son santos: san Isidoro, san Leandro, san Fulgencio y santa Florentina. Hay dos notas en su persona que la hicieron sumamente atractiva: su don de gentes, debido en gran parte a su enorme simpatía, y en segundo lugar, su elocuencia o el don de hablar muy bien. Te vuelvo a recordar que entonces la elección de los obispo no era como hoy. El pueblo entero y los sacerdotes eran quienes elegían al futuro obispo cuando fallecía el anterior. Esto le ocurrió a Leandro. Su trabajo pastoral va a consistir fundamentalmente en la dedicación a los arrianos. Los visigodos, desde el rey, eran casi todos arrianos, es decir, herejes que negaban que Jesucristo fuera Hijo de Dios. Una vez que logró la conversión del hijo del rey, Hermenegildo, todo fue más fácil para que los invasores abrazaran lentamente la religión cristiana. Por otra parte, tuvo el honor de ser enviado a Constantinopla para hablar con San Gregorio Magno. Los dos se hicieron muy buenos amigos y confidentes. Cuando lo desterraron por haber convertido a Hermenegildo, empleó su tiempo en escribir libros contra la herejía arriana. Al final de su vida, el rey Leovigildo recapacitó en la injusticia que había cometido con el destierro. Tanto lo sintió que le encomendó la educación de su hijo Recaredo, futuro rey de España. Celebró el concilio de Toledo para tratar el tema de la santidad de los sacerdotes y de los fieles. Con su enfermedad de la gota, se fue al cielo el año 596. Es Doctor de la Iglesia. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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