lunes, 20 de noviembre de 2017

San Charbel Makhlouf

Este joven del Líbano, un ermitaño a carta cabal, nació en 1828 y murió en Annaya en 1898. Cuando se celebraba el glorioso concilio Vaticano II le llevaron a los altares y más tarde, en 1977, lo hicieron santo para toda la Iglesia. Sus padres eran pobres pero de una fe que mueve las mismas montañas. Su tío cuidó de su educación pero a trancas y a barrancas. No le gustaba que su sobrino fueran tan amante de la vida religiosa. Por eso, apenas pudo se largó de casa y se fue al monasterio de Mayfug. Era la casa de la Orden Maronita Baladite. Cuando lo admitieron cambió al nombre por el que es conocido. Este nombre pertenecía un mártir de Antioquía del siglo II. Hizo sus estudios, profesión religiosa y recibió la orden del presbiterado. Entre sus libros preferidos para hacer oración, meditación y contemplación está “La imitación de Cristo” del P. Kempis, que tantas almas ha llevado a la gloria de sentirse unidos a Dios y al mundo. Quien ama a Dios, ama directamente a los demás, incluso desde dentro de unas rejas de contemplación. La vida no hay que verla solamente bajo la perspectiva de la productividad y eficacia económica. Como ocurre hoy a mucha gente. Su vida transcurría entre el apostolado y la unión con otros ermitaños. Todos tenían como ideal conquistar la santidad de la mejor maneras posible. Incluso estando en el desierto, iba la gente a pedirle consejos. Los maronitas son un grupo de cristianos fundados por san Maro que viven unidos a la Iglesia de Roma. Debido a su actividad exagerada en atender a visitas y a tantas mortificaciones, sufrió un infarto que le llevó a la muerte poco antes de celebrar la Misa. Durante muchos años salía sangre de su cuerpo. La última vez fue en 1950. Su cuerpo sigue fresco e incorrupto. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre! ¡Feliz Nochebuena!


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