sábado, 18 de noviembre de 2017

Santa María de la Rosa

Etimológicamente significa “princesa de las aguas, en lengua siria, y “jardín florido” en lengua latina y griega. Esta joven fundadora nació en Brescia, Italia, en 1813. La vida le aguardaba como una rosa que se abre para perfumar el ambiente de cuantos le rodeasen. Tuvo una valentía grande cuando a sus 17 años, el padre fue a presentarle un joven con el que debía casarse. Ella, en plan de rebeldía, fue a un buen consejero, el párroco, a pedirle su opinión. Este, que la conocía bien por sus obras de caridad en la parroquia y en su deseo de quedarse soltera por el amor de Dios, disuadió a su padre de su errónea decisión. Se hizo cargo de la fábrica que tenía el padre. Organizó de tal modo el trabajo de cada una que, incluso los domingos, las reunía para vivir la piedad y el amor de Dios de forma más intensiva. En la parroquia trabajaba a fondo perdido, con cheque en blanco. Su amor no era fruto de su juventud. Esto lo puso de manifiesto con motivo de una peste que asoló la ciudad. Era el año 1836. Iba a los hospitales a ayudar a todo el mundo. La gente se quedaba alucinada. Tras la peste, muchas personas quedaron huérfanas, sobre todo niñas,. ¿Qué hacer con ellas? Las autoridades pusieron en marcha talleres de formación y ocupación para la juventud. La encargada oficial fue Rosa. Y no creáis que era vieja. Contaba entonces con la bella edad de 24 años. Pero el trabajo, ayer como hoy, encuentra dificultades en las autoridades. Ella, en lugar de venirse abajo, puso por su cuenta un internado para niñas y jóvenes pobres y chicas sordomudas. La gente veía en ella un modelo al que imitar. Monseñor Pinzoni exclamaba:" La vida de esta joven es un milagro que asombra a todos. Con una salud tan débil hace labores como tres personas robustas". A los 42 años estaba agotada. Y el 15 de diciembre de 1855 murió en el Señor. ¡Felicidades a las Rosas!


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