miércoles, 22 de noviembre de 2017

San Inocente de Irkoutski

Etimológicamente significa “sin maldad”. Viene de la lengua latina. Nació en el año 1680 en Irkoutsk, Siberia, y murió en el 1731. Es joven ruso de la inmensa Siberia tenía un alma tan grande o más que la misma extensión que le vio nacer. Desde joven mostró anhelos y deseos de extender la fe cristiana por la gran nación china. Tuvo la gran suerte de que en 1680 Kan-Hi abriera las puertas de su país para la libre predicación del Evangelio de Jesús de Nazaret. Todo el mundo creía que este jefe de la China iba a abrazar el cristianismo y que sería un nuevo Constantino en aquellas tierras. Sentía una especial predilección por los jesuitas porque se habían incorporado a las costumbres chinas convirtiéndolas en cristianas. Es la gran obra de inculturación que debe hacer todo buen misionero. De hecho, los letrados y los mandarines fueron los primeros en convertirse a la fe cristiana. Se le unieron otros misioneros. Estos, sin embargo, no fueron aceptados porque no supieron adaptarse a las costumbres de los chinos. Incluso veían no con buenos ojos la labor de los jesuitas. Esto hizo que el Papa Clemente XI llamara al orden a los de la Compañía de Jesús. Poco a poco los chinos convertidos se fueron dando cuenta de que había que dejar de ser chinos para ser cristianos. Nada más falso. Entonces muchos renunciaron de su fe y el Kan- Hi prohibió la predicación del Evangelio en todo el país. Inocente era el jefe de la Iglesia rusa. Pensaba que el jefe chino expulsaba de su nación solamente a los cristianos romanos. También lo expulsaron a él. Pero así pudo evangelizar la parte meridional de la Siberia y ser el primer obispo de la ciudad de Irkoustk. No cabe duda de que la Iglesia en la actualidad ha dado pasos agigantados respecto a la inculturación de los pueblos que no conocen la fe. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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