martes, 21 de noviembre de 2017

San Pedro Dumoulin

Etimológicamente significa “roca”. Viene de la lengua hebrea. Este joven, amante de la misiones, nació el 20 de febrero de 1808 en Beynat de Corrèze. Sus padres eran reacios ante cualquiera de las decisiones de su hijo. Le dijeron en su cara que no sería ni misionero, ni de la Trapa, ni médico. No podía salir de Francia. Lo querían cera de sí mismos. Egoísmo de padres. Todo lo más que le consentían es que fuera cura pero sin salir del país. Siguiendo los consejos de los padres, entró un buen día en el semanario mayor de Tulle. El, sin embargo, tenía las ideas muy claras acerca de su vida futura:"Seguiré mi vocación por donde quiera que me llaman, aunque sea en las misione extranjeras. Con el paso del tiempo, la ocasión se le presentó propicia en octubre de 1829. Durante el tiempo de los motines y revueltas en París, le dieron una paliza de muy señor mío porque lo tomaron por un suizo. En esta ocasión Dios lo libró del peligro porque su acento era típicamente francés. Llegó al sacerdocio el 21 de noviembre de 1830. Sin tener la menor duda se embarcó en el norte de Francia, en el puerto Le Havre con destino a Mónaco . Era el 18 de julio de 1831. De aquí continuó su rumbo hacia tierras lejanas del Oriente. Desembarcó en Saigón porque unos contrabandistas chinos atacaron el barco. En este país se desencadenó una revolución persecutoria. El, con toda la fuerza interior que llevaba en su espíritu, comenzó a evangelizar la región que se le había confiado. Entre tanto lío, lo arrestaron las hordas enemigas en 1838. Y es curioso que estando en la misma cárcel recibió el encargo de nombramiento de obispo. El mismo verdugo que debía darle muerte, no quería. Pero tuvo que hacerlo recurriendo para ello a la borrachera. Sus restos se conservan en la Sala de los mártires del Seminario de las Misiones Extranjeras de París.


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