martes, 21 de noviembre de 2017

San Odon

Etimológicamente significa “rico”. Viene de la lengua alemana. Este joven nació en Tours en el año 879. Tomó contacto muy pronto con la basílica levantada en honor de san Martín. Atraído por la fama del santo, decidió hacerse monje en un monasterio que estuviera lo más lejos posible de su lugar de nacimiento. Se fue a la Borgoña, cuna de tantos santos, y entró en el monasterio de Baume-les-Messieurs. Aquí estuvo por espacio de unos 18 años, hasta que lo eligieron abad de la abadía de Cluny, la más importante en toda la Edad Media. De ella dependían unos cien mil monjes en toda Europa. Necesitaba esta abadía el impulso que tan sólo podía darle un monje de las características intelectuales y espirituales que albergaba el alma de este hombre. Empezó su obra por la reforma de los mismos hermanos que vivían en este amplio monasterio. Les impuso más austeridad de vida, una mayor entrega a la oración y lo típico para crecer en la santidad, el silencio. Porque se es monje o no se es. Si se es, hay que entregarse a Dios completamente llevando una vida acorde con las Reglas y con el Evangelio, en el que se inspiran. Mucho tiempo de su vida lo empleó en visitar las comunidades, sembrando la paz en aquellas que no fueran observantes o que no estuvieran unidas al espíritu de Cluny, sede y foco de todos los demás monasterios. Los Papas, enterados de su santidad y de sus dotes de gobierno, lo llamaron a Roma varias veces. Llegó a ser el consejero espiritual nada menos que de dos Papas, León VII y Esteban IX. Lo que le distingue también a Odón es su diplomacia espiritual. Sabía resolver todo obstáculo aplicando la ley del Espíritu, quien da el discernimiento de los intrincados caminos del alma. Dicen que iba en su burro cantando salmos y alabando al Señor. Murió en el año 942. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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