sábado, 18 de noviembre de 2017

San León Magno

Etimológicamente significa “león”. Viene de las lenguas griega y latina. Dios envía para cada instante de la historia de la salvación de su pueblo creyente a personas que sepan regirlo con amor y con la sapiencia y fortaleza necesarias. A León Magno le tocó ser papa en tiempos terribles. Estamos en los años finales de la caída del imperio romano, que tanto mal había hecho a la Iglesia naciente. Las invasiones de los Francos, Visigodos, Vándalos y Hunos traían el peligro de la destrucción y al mismo tiempo el foco o la infección de posibles herejías. Y de hecho apareció la de los Monofisitas. Esta herejía considera que en Cristo hay una sola naturaleza. Su humanidad ha quedado totalmente absorbida por la naturaleza divina. Jesús no era hombre. Esta herejía fue condenada en el c pesar deoncilio de Calcedonia en el 451, diez años antes de que muriese el Papa san León Magno. Todavía quedan restos de esta herejía entre las iglesias egipcias, etíopes, armenias y jacobitas de Siria. Otra herejía fue la Nestorio o nestoriana. Esta afirma que en Cristo hay dos personas unidas conjuntamente: el Hijo de Dios y el hombre Jesús, que nació de María y murió en la cruz. Se condenó en el concilio de Efeso en el 431. Tampoco se vio libre en lo social y político. Cuando todo parecía que gozaba de paz y de calma, tuvo que empleárselas a fondo para que Roma se salvara de la invasión de Atila en el año 452. Pero le aguardaba aún lo peor. A pesar de su inteligencia y de sus dotes de diálogo, no pudo impedir – por más que lo intentó – que los Vándalos llevaran a cabo el saqueo de Roma en el 455. Con el Occidente en decadencia moral, él fue el faro o instrumento que, en manos de Dios, sostuvo la nave de la Iglesia. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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