miércoles, 22 de noviembre de 2017

San Severo

Etimológicamente significa “austero”. Viene de la lengua latina. Nos encontramos en la ciudad de Tarragona, un lugar al que ya había llegado el Evangelio de Jesucristo y en la que muchos habían dado muestras de su fe con el propio martirio. Parece ser que Severo estuvo en Barcelona. Todas las noticias que hay referente a este santo se encuentran en las actas de su martirio, pero escritas en el siglo VI. Los cristianos, para conservar la memoria de sus héroes, escribían cuanto oían sobre su vida. El emperador Diocleciano, tristemente famoso por sus duras persecuciones, iba derecho a quienes ostentaban algún cargo importante o notorio. Llegó a sus oídos que san Severo era obispo de Barcelona. Trabajaba predicando la Palabra de Dios y manteniendo, ante las dificultades de todo orden, la fidelidad a Cristo. Cuando se enteró del edicto por el que se condenaba a muerte a todo creyente, pensó en esconderse para, desde la clandestinidad, ayudar y mantener viva la llama de la fe entre sus fieles. Mientras iba para su escondite, le salió al paso Emeterio que trabajaba en la labranza y era ya cristiano. Llegaron las fuerzas militares buscando información sobre el paradero de san Severo. Emeterio, éste les dijo que había pasado por allí. ¿A qué hora ha pasado? "Cuando sembraba estas habas". Severo, al pasar, había convertido aquel campo en un habar enflor. Pasado el tiempo, le remordía la conciencia de estar alejado de sus fieles. Y entonces decidió con otros sacerdotes irse a Barcelona. Dicen que fue en lo que hoy es San Cugat en donde recibió el martirio por no prestar atención a las peticiones que le hacía el delegado del emperador. Era el año 303. Hay en la capital catalana una preciosa iglesia barroca levantada en su honor. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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