miércoles, 22 de noviembre de 2017

San Eduardo

Etimológicamente significa “ guardián de la felicidad”. Viene de la lengua alemana. Inglaterra pasaba por malos momentos históricos. Sus vecinos daneses, al mando del rey Canuto querían invadirla. El príncipe inglés Edmond había sido asesinado y su mujer tuvo que ir a refugiarse a Normandía para verse libre de una muerte segura. Pasado algún tiempo, llegó al trono Eduardo. Sus ideales de espiritualidad, reconstrucción de edificios y cultivo de los campos, los sentía en su alma de joven piadoso. Todos lo querían mucho porque tenía una profunda discreción en la solución de los problemas y una sabia competencia en la búsqueda de la reconciliación entre todos los habitantes de su reino. Una vez que los daños de la expedición danesa se repararon, el país vivió uno de los mejores tiempos en la historia. Contrajo matrimonio con una princesa y, como los dos vivían en profundidad los ideales de la religión cristiana, su unión fue muy feliz y se erigieron como los monarcas más admirados por su pueblo y otros países. Pero esta felicidad no iba a durar mucho tiempo. De hecho, las guerras entre los ingleses y los franceses no acababan. La razón no era otra sino la división entre los seguidores de Harold y los de Malcolm en Escocia. Sin embargo, Eduardo luchaba ardientemente para que sus súbditos no se vieran envueltos en estas querellas. Seguían llamándole el “ ángel de la corte”. Iba diariamente a la Eucaristía. Se cuenta que en una de estas celebraciones eucarísticas vio a Jesús en forma corporal en la sagrada forma. Otro día lloraba después de la Misa y la madre le preguntó:"Qué te ocurre. Y él contestó: El rey de Dinamarca acaba de morir justo cuando se preparaba para una nueva invasión". Otro día cogió su anillo real y se lo entregó a un pobre. Vivió en Londres y mandó construir Westminster con su bella catedral. Al poc tiemp murió en el año 1066 a los 36 años. ¡Felicidades a los Eduardos!


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