miércoles, 22 de noviembre de 2017

Santa Eduvigis

Etimológicamente significa “guerrera, batalladora”. Viene de la lengua alemana. También las viudas van al cielo y son santas. Eso le ocurrió a esta señora alemana, nacida en Baviera, en 1174. Con el amor a sus seis hijos, supo centrar su vida en Dios como el eje de todo su quehacer en casa y fuera de ella. Se casó con el duque Enrique de Polonia, tan bueno y piadoso como ella. Cuando en el hogar hay unanimidad de criterios y de valores – entre los cuales no debiera faltar el religioso – todo se hace de buen gusto y se llevan las contrariedades lo mejor posible. Vivían muy bien la castidad matrimonial, causa muchas veces hoy día, de altercados, riñas, peleas y muertes. Esta preciosa virtud le incumbe a todo ser humano que sea digno de tal. Tenían tiempo para educar a los niños, vestirlos bien, hacer obras de caridad e incluso de vivir como los pobres. No le tenía apego al dinero. Tuvo la feliz idea de aceptar en casa a trece pobres: doce en honor de Cristo y uno para el aliento de ella misma y de su familia. Iban con ella a todos sitios. No podía ver a nadie que sufriera. Una vez, al contemplar a una monja ciega, le impuso las manos y recobró la vista. Unida íntimamente con Dios, éste le comunicó el día de su muerte. Era el día que anhelaba con mayor ilusión, ya que sabía que se encontraría con el Señor en el paraíso. Esta viuda amaba profundamente ala Virgen María. Y como ocurre hoy, ella llevaba siempre una medalla en su pecho para rezarle, hablarle, alabarle y pedirle ayuda en los momentos necesarios. Todo el caudal de dinero y posesiones que le dejó su marido los entregó a los pobres. Esta viuda es muy querida en muchas naciones de la tierra. Murió santamente como había vivido el 15 de octubre de 1243 a los 65 años. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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