lunes, 20 de noviembre de 2017

Santo Tomás de Aquino

Etimológicamente significa “gemelo”. Viene de la lengua aramea. Vino al mundo este joven en el seno de una familia napolitana de la alta burguesía allá por el año 1225. Recibió una exquisita educación en la abadía de Monte Casino, regentada por los Benedictinos desde entonces hay nuestros días. A los 19 años, sin embargo, le atrajo la vocación de los Dominicos. A la familia le sentó fatal. La razón que le daban a su hijo es que esta Orden religiosa era mendicante y no gozaba de buena fama entre las clases altas y la aristocracia. Pasó un año muy mal. Pero, al final, se salió con las suyas. Lo enviaron a París para que hiciera unos estudios brillantes en la Sorbona. Allá encontró, entre los muchos profesores, a san Alberto Magno. Este le enseñó que para encontrar a Dios hay que tener confianza en la razón e inteligencia del hombre. Y para seguir este camino, el mejor filósofo era, sin duda, Aristóteles. Al terminar sus estudios, lo hicieron profesor muy pronto Como conocía muy bien a Aristóteles, la Sagrada Escritura y la Tradición de los Padres de la Iglesia cristiana, elaboró un pensamiento original que se puede leer y estudiar en sus numeroso libros. El más conocido entre todos ellos es “La Suma Teológica”. Tuvo cargos importantes en la Orden de los Predicadores. Los Papas lo llamaban para consultas especiales sobre temas de gran interés. Era un gran intelectual, la cabeza más brillante en aquellos tiempos. Le encantaba estudiar y meditar las Homilías de san Juan Crisóstomo sobre el Evangelio de san Mateo. Cuando iba camino del concilio de Lyon, se sintió mal y murió en 1274. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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