martes, 21 de noviembre de 2017

San Jenaro

Etimológicamente significa “dios de enero”. Viene de la lengua latina. Todo turista que va a Nápoles no vuelve sin haber visitado la iglesia en la que está el vaso con la sangre de san Jenaro. Como es el patrono de la ciudad, los napolitanos van a honrarle con su presencia y su ferviente oración. A lo largo de la historia se le ha invocado varias veces cuando la ciudad sufría o podía sufrir desgracias o catástrofes. De esta forma, los libró de la peste en 1497 y contra las irrupciones que pudo provocar el Vesubio en los años 1631,1698, 1767 y 1779.. Pero lo que más llama la atención de todo el mundo es el milagro de su sangre que, de sólida, se convierte en líquida tres veces al año en la catedral de Nápoles. Aumenta de volumen y disminuye de peso. Por mucho que se ha estudiado este fenómeno, nadie ha sabido darle – hasta ahora – una respuesta acertada. Los científicos no se pronuncian ya ante este milagro. Tan sólo algunos periodistas sensacionalistas recogen cada año opiniones falseadas de este realidad. No hay explicación ante lo extraordinario y misterioso. Cuando llega este día, en una ceremonia que se sigue con mucho interés, curiosidad y fervor, un sacerdote coloca en el altar una ampolla en la que está su sangre. La sitúa frente a la urna que tienen los restos del santo Lentamente pero con seguridad la sangre se va haciendo líquida y rojiza y crece de tamaño. Es en este instante cuando todos los presentes comienzan a cantarle. Murió, víctima de la persecución arriana allá por el siglo V. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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