martes, 21 de noviembre de 2017

Santa Teodora

Etimológicamente significa “don de Dios”. Viene de la lengua griega. Aquí tenemos un ejemplo claro de cómo los santos no nacen así como cree alguna gente poco culta en esta materia. Se casó en Alejandría, su ciudad natal. Vivía feliz en su matrimonio hasta que un buen día un joven le hizo insinuaciones pecaminosas. Ella logró rechazarlo. Se ve que el joven se enamoró apasionadamente de ella. Por esta razón no tuvo escrúpulos en visitar a una bruja endiablada. Le dijo todas las estrategias que tenía que emplear para que cayese rendida a sus pies. Y efectivamente, al verla otro día y hacerle proposiciones deshonestas, ella se sintió halagada y se acostó con él. Fue tan grande la pena y el remordimiento que sintió en su corazón infiel que no podía ni dormir ni descansar. ¿Qué hizo entonces? Te parecerá raro y extraño al leerlo con visión del siglo XXI. Pues mira, para ahuyentar las tentaciones, se vistió de hombre, se dedicó a llevar una vida de dura penitencia. Se marchó a un monasterio. Con su paciencia y su petición continuada le rogó al abad que la admitiese en el recinto sagrado. Ella le dijo que se llamaba Teodoro para que no descubrieran. Todos los hermanos la distinguieron por su entrega a la oración y la penitencia. Pero no todo iba a ser facilidad para su existencia. Resulta que alguien fue al monasterio para hablar con el abad. Era el joven con el que había cometido el adulterio. Ni siquiera allí la dejaba tranquila. El joven le dijo al prior que el tal Teodoro era Teodora. Y que entre los dos habían tenido un hijo. Tuvo que salir del monasterio y se entregó a cuidar de su hijo. Y, aunque sepa a leyenda, este niño llegó a ser más tarde el abad del monasterio. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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