miércoles, 22 de noviembre de 2017

San Nicolás de Tolentino

Etimológicamente significa “vencedor de los pueblos”. Viene de la lengua griega. El problema de no tener hijos por imposibilidad física se resuelve hoy mediante la adopción de niños/as de otros países subdesarrollados. Antes no existía quizá este problema porque las parejas solían tener hijos. Pero los padres de Nicolás no lograban tener descendencia. Su fe les llevó en peregrinación a la iglesia de san Nicolás de Bari. Le pidieron al protector de las familias sin hijos que les concediera un niño o niña. Y le hicieron esta promesa: sea niño o niña se consagrará a Dios de por vida. Al poco tiempo, dice el niño Nicolás, mi madre quedó embarazada y medio a luz. Nació en Fermo. Le pusieron el nombre de Nicolás en atención y agradecimiento al santo de Bari. Entró en los agustinos de Tolentino. En este convento se consagró a Dios para siempre. Cuando comenzó su labor apostólica, todo el mundo le llamaba el “santo de los milagros”. Nuestro mismo escritor Lope de Vega lo evoca así en una de sus obras. Otro aspecto digno de reseñar en esta página fue su amor al trabajo en el confesionario. Disfrutaba ayudando y consolando a la gente atribulada por cualquier preocupación personal o religiosa. Su celo santo pastoral lo llevó incluso a las calles. Por ellas predicaba la Palabra de Dios con amor y entusiasmo que contagiaban a los viandantes. La Iglesia, aún en nuestros días, debería emplear con mayor asiduidad los nuevos púlpitos de los Medios de Comunicación Social para, con programas dignos a nivel técnico y temático, estuviera presente en todo el mundo. La inquietud de ahora ha superado muchos años de atraso en este campo, vital hoy día en los medios desde el Internet hasta la televisión, la prensa o la radio. Nicolás captó esta idea ya en siglos XIII y XIV. Los santos se adelantan a veces al tiempo. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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