miércoles, 22 de noviembre de 2017

Santa Regina

Etimológicamente significa “reina”. Viene de la lengua latina. La virginidad ha sido en la Iglesia una de las constantes en muchas personas de ambos sexos. Con ella manifiestan una entrega total y absoluta a Dios. No lo son por cobardía o para huir de responsabilidades. No. Es una llamada especial que Dios hace a quienes deseen vivirla. En toda la Tradición de los Padres era una costumbre hablar de ella, aunque hoy resulte extraño en esta sociedad de consumo y de erotismo soez y barato en muchos casos. Esta joven, perteneciente al año 251 de nuestra era, nació en Alesia – en la actualidad Alise-Sainte –Reine, en la Borgoña, preciosa por su verdor, viñedos y por ser la ruta del románico. Era hija de una familia francoromana. Aunque llevaba en su corazón la flor perfumada de su pureza, no obstante fue a los 15 años cuando prometió a Cristo que dejaría el halago del mundo para vivir la unión perfecta con su Evangelio. Todo esto tuvo lugar cuando descubrió la fe en el Señor. El Padre Ribadeneira, experto en biografías de santos, habla de ella con estas bellas palabras:" Era tan hermosa (esmalte que divinamente sale sobre el oro de la virtud) que pasando acaso por Alissia, el gobernador Olibrio la vio y se quedó prendado de sus encantos femeninos. En seguida mandó a sus súbditos que la llevaran ante su presencia para verla de cerca. Se enamoró de ella como un adolescente. Pero su sorpresa fue mayor cuando se enteró de que era cristiana. Mientras tanto, al tener que irse de viaje, ordenó que la metieran en la cárcel hasta que volviese. Esperaba que durante su ausencia, esta linda joven renunciara a su fe para, de esta forma, poder casarse con ella. No sabía que la promesa de su virginidad que le hizo a Jesús, era inquebrantable. Como no cambió, la sometió a torturas hasta que le cortaron el cuello. ¡Felicidades a las Reginas!


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