martes, 21 de noviembre de 2017

San Gregorio Magno

Etimológicamente significa “ vigilante”. Viene de la lengua griega. Todo ser humano que se precie de tal tiene en su vida un lema, un proyecto, un ideal que le guía durante toda su existencia. El de Gregorio fue éste:" El hombre ha sido creado para contemplar a su Creador, para buscar siempre su rostro y habitar en la solemnidad de su amor". El futuro le sonreía. Sus padres eran senadores romanos. Tenían pasta y honores. El, sin embargo, cuando cumplió los 35 años se marchó al monte Coelius, año 575, para vivir como un ermitaño. Esta paz le duró poco tiempo. El Papa Pelagio II lo quiso cerca de él y para ello lo ordenó de diácono y su representante diplomático en Constantinopla. Tuvo que volver a Roma porque el Papa Pelagio murió de la peste. Había que elegir a su sucesor. Entonces eligieron a Gregorio. Fue el primer Papa monje. ¿Qué hizo como Papa? En primer lugar, como era muy inteligente, se dio cuenta de lo que necesitaba con mayor urgencia la Iglesia en su tiempo. Tomando nota de todo escribió la “Regla Pastoral”, de tanto valor, que, incluso sirvió de norma durante la Edad Media. En segundo lugar, puso las cosas en su sitio mediante la restauración de la disciplina eclesiástica. Ante la invasión de los Bárbaros, supo dialogar con ellos. Así pudo enviar a Inglaterra misioneros a predicar el Evangelio. Este “Cónsul de Dios”, como reza el epitafio que hay en el Vaticano, escribió muchos sermones y tan adaptados a la inteligencia que todo el mundo podía entenderle. En tercer lugar, todos conocen el canto gregoriano. Escucharlo supone hundir el alma en una atmósfera de profunda espiritualidad. Fue Gregorio quien introdujo en la Liturgia este canto que lleva su nombre y que en la actualidad está extendido en los monasterios y se vende mucho en las casas de discos. Murió en el año 604. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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