miércoles, 22 de noviembre de 2017

Santa Beatriz

Etimológicamente significa “feliz”. Viene de la lengua latina. En su tiempo, los trovadores solían cantar así:" Por la corte Inmaculada de María emperatriz dejó Cortes de Castilla, la condesa Beatriz". Con esta letra te digo quién fue esta joven, de origen hispano portugués. Nació en Ceuta. Desde que pudo andar subía al monte Hacho en donde había una iglesia edificada en honor de la Virgen de Africa. Por motivos políticos y sociales salió de Ceuta para ir como primera dama acompañando a la princesa Isabel de Portugal, casada con el rey Juan II de Castilla. Se dio cuenta de que todo el mundo le acosaba por la belleza de su porte y la hermosura que reflejaba su rostro. Cansada de tanto lío, se escapó de sus muchos admiradores para irse a las cistercienses de Toledo, en el convento de santo Domingo. En él estuvo por espacio de treinta años, aunque sin hacerse monja pero sí llevando una vida parecida a las religiosas. La reina Isabel la Católica fue a verla y le regaló los palacios de Galiana y el monasterio de Santa Fe. Aquí fue donde, por fin, se consagró a Dios con el nombre de María Inmaculada. Tanto la quiso Dios que le inspiró la fundación de la Orden de la Concepción Franciscana, que la aprobó el Papa Inocencio IV en 1491. Antes de su marcha, la misma reina sentía celos de ella porque dudaba de su fidelidad y de la de su mismo esposo. Incluso, llevada por el odio, la encerró en un sótano. Antes de morir, le impusieron el hábito y renovó sus votos como madre y Fundadora de la Orden. El Papa Pío XI la declaró Beata en el año 1926, y Pablo VI la proclamó santa de la Iglesia universal en 1976. Me imagino que al final de su vida ajetreada, escucharía uno de tantos poemas como le dedicaron:<


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