miércoles, 22 de noviembre de 2017

San Juan María Vianney

Etimológicamente significa “Dios es misericordia”. Viene de la lengua hebrea. Cada verano, cuando voy a Taizé, me acuerdo de este santo. Al pasar de Lyon hay una indicación en la autopista del Sol a París, que indica el pueblo de Ars, como se suele conocer a Juan María. Ahí nació el 8 de mayo de 1786. Sus padres eran pobres pero de una recia honradez y de una profunda fe cristiana. Desde los nueve años tenía la ilusión de ser sacerdote pero no sabía nada de letras. Por más señas, ni siquiera existía en el pueblo un maestro. Le costó Dios y ayuda entrar en el seminario. Era poco inteligente. No sabían los superiores que a veces la inteligencia no es el único valor para llegar a ser un buen sacerdote. Y en un mar de dudas consintieron que fuera ordenado. Su destino fue Ars. Aquí echó a volar con las alas de su santidad. Se entregó a la catequesis y al trabajo de ayudar a los pobres. La labor por la que se le conoce mundialmente fue la confesión. Se tiraba catorce horas sentado en el confesionario. A él acudían sacerdotes, obispos, cardenales, gente sencilla y noble en busca de una orientación humana y espiritual. Dejemos aparte a lo psicólogos. No existían. Hoy, a medida que crece el poder económico, desciende el amor y el aprecio por las cosas del alma. Durante su trabajo repetía a menudo esta jaculatoria (una breve exclamación para mantenerse unido a Dios):" Nuestro hogar es el cielo". O esta otra:<


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