martes, 21 de noviembre de 2017

San Josemaría Escriva

Etimológicamente significa “el que se crece o Dios acrecienta”. Viene del hebreo. El Papa lo proclamará santo el 6 de octubre del 2002 a este joven de Barbastro, cerca de Jaca. En la actualidad hay en este lugar una gran basílica en donde los creyentes pertenecientes o no al “Opus Dei u Obra de Dios” pueden recibir los consuelos que la fe otorga a quienes se fían de Dios. Sus padres eran fervientes cristianos. Y así educaron a su hijo que, por lo demás, estaba dotado de una gran inteligencia, don de gentes y una entrega sin límites a las cosas de Dios. Su madre le dijo un día que lo único de que había que tener vergüenza era de pecar. Con este lema intentó marcar el ritmo de su vida hacia la santidad. Este santo, que falleció en 1975, se puso por completo en manos de Dios para que fuera él quien guiara sus pasos en los diversos campos de apostolado por los que se extiende su obra, establecida hoy en día en todo el mundo. Buscó que los creyentes alcanzaran la santidad si hacen todas las cosas por amor a Dios y al prójimo en medio de la profesión que ejerzan en el abanico de la amplia sociedad. Sus miembros trabajan en el mundo en muchas y diversas instituciones: desde la universidad hasta los trabajos más humildes, aunque ningún trabajo es mayor que otro cuando se hace la voluntad de Dios. El libro más famoso que escribió fue “Camino”, una serie de máximas que ayudan a pensar, a orar y encontrarse consigo mismo. Es una pequeña reflexión para cada día. Vistos sus méritos y la cantidad ingente de labores que lleva a cabo su Obra y, sobre todo, una vez que se atestiguó la santidad de su vida, el Papa Juan Pablo II lo declaró Beato el 17 de año de 1992 y la gloria de su santidad quedará ratificada por el mismo Papa en octubre. Una de sus grandes preocupaciones, además de lo dicho, fue el mundo de la cultura universitaria y de todos aquellos que ostentan una autoridad dirigente en los más variados puestos de la sociedad. Y en todo tenía presente la gloria de Dios. Puede que haya gente que discuta su figura, pero la realidad es ésta. No creo que la santidad se compre con dinero. ¡Felicidades a quienes leven este nombre y a los miembros del Opus Dei!


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