domingo, 19 de noviembre de 2017

San Luis Gonzaga

Etimológicamente significa “ batallador glorioso”. Viene de la lengua alemana. Toca hoy en el Santoral la figura de un joven que luvjó ardientemente contra sus propios padres y contra la sociedad para logar su objetivo de hacerse jesuita. Le llamaban con justicia el “ángel de Castiglione” por su pureza de costumbres. Tenía ante su ojos una vida fácil y coinsumista. Y supo hacer el buen combate de ir a contracorriente sembrando por doquier la virtud en lugar del vicio reinante. Era nada menos que el heredero del principado de Mántua y príncipe del sacro imperio. En lugar de llenar de fiestas la corte, le dio un nuevo esplendor con la santidad de su vida. Su padre era el más terco. Lo llevaba a fiestas mundanas para que se le borrara de la cabeza la idea de hacerse sacerdote. Un día, harto ya de llevarlo a un sitio y a otro le preguntó:"Todavía sigues con la idea de ser sacerdote? Y el chico respondió: En eso pienso noche y día". Seguió a rajatabla los consejos de su confesor san Roberto Berlamino: Frecuente comunión y confesión, mucha devoción a la Virgen y leer vidas de santos. Tenía en su cabeza un pensamiento que se lo repetía a menudo: <<¿De qué sirve esto para la eternidad?" Era una forma de saber relativizar todo cuanto hacemos, pensamos y decimos. Siendo seminarista, se dedicaba a cuidar a los enfermos de la peste. Un día, al llevar a uno de ellos a hombros, se le contagió la enfermedad y murió el 21 de junio de 1591. Contaba tan sólo 23 años. Antes de morir y, en presencia de todos, dijo:<


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