martes, 21 de noviembre de 2017

San Bernabé

Etimológicamente significa “ hijo de la consolación”. Viene de la lengua hebrea. En la isla de Chipre vino al mundo este apóstol del Evangelio. Le pusieron por nombre José, pero, al entrar en contacto con los Apóstoles, éstos le llamaban Bernabé porque encajaba mejor con sus cualidades de “consolar y exhortar” animando a todo el mundo. Apenas abrazó la vida cristiana, fue el Espíritu de Jesús quien lo guió por todos sitios. Es la clave para sentirse feliz en el océano inconmensurable de los designios de Dios. Lo malo es llevar una existencia creyente a trancas y a barrancas. ¿Qué hizo Bernabé de particular? Era un joven que, apenas se hizo cristiano, dejó sus posesiones para entregarlo a los cristianos pobres. Cuando legó san Pablo a Jerusalén después de su conversión, los cristianos se mostraban todavía suspicaces respecto a él; pero Bernabé le dio la bienvenida y le presentó a los apóstoles. La Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía para que ayudara a los nuevos cristianos de allí, muchos de los cuales eran judíos. Luego fue a Tarso a ver a Pablo y le pidió tomar parte en su obra. Bernabé y Pablo partieron juntos desde Antioquía en su primer viaje misionero, llevando con ellos a Marcos, primo de Bernabé. A su vuelta, comparecieron ante una importante asamblea de jefes de la iglesia en Jerusalén. Más tarde, los dos hombres no llegaron a un acuerdo respecto a pedir a Marcos que les acompañara por segunda vez. En consecuencia, Bernabé volvió a Chipre con Marcos, mientras que Pablo pasó al Asia Menor (Turquía). Bernabé y Pablo siguieron siendo buenos amigos y en sus cartas san Pablo habla elogiosamente de él (Hch 4,36; 9,27; 11,22 y siguientes; 12.25 y siguientes; 15; 1 Corintios 9,6; Gálatas 2). Bernabé murió mártir en Chipre cerca de Salamina en el año 49. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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