martes, 21 de noviembre de 2017

San Atanasio

Etimológicamente significa “inmortal”. Viene de la lengua griega. Estás hoy ante una de las glorias preclaras de la humanidad. Su nombre y su fama de defensor de la Iglesia permanecen todavía como inmortales para quienes se acercan a leer su biografía. Nació en Alejandría el año 297. La luz de su inocencia brillaba todavía en sus ojos cuando tuvo que presenciar el martirio del obispo a manos de los paganos. Más tarde recibió con gozo la noticia de que Constantino terminaba con la persecución religiosa. Ya tuvo la paz necesaria para entregarse al estudio con la finalidad de ordenarse de diácono. A la edad de 23 años escribió un libro brillante por su claridad de ideas y de estilo literario sobre el tema de la Encarnación de Jesús. Era un ataque directo contra el hereje Arrio, condenado en el concilio de Nicea en el año 325. La política se mezclaba entonces con la religión. Así el mismo emperador le pidió a Atanasio que admitiera a al hereje en el seno de la religión cristiana. Al negarse sufrió el primero de los cinco destierros que tuvo que soportar. Entraba y salía de Alejandría según estuviese en el poder uno u otro emperador. Todos sabían que Atanasio era ya obispo. Y en sus escritos y sermones hace una defensa nítida y clara de la divinidad de Jesucristo. Dios le dio una personalidad recia y una oratoria que convencía a cualquiera que lo oyera con atención y respeto. El emperador Juliano fue un tormento para los creyentes. Se dice que al morir, pronunció estas palabras:" Venciste Galileo". Atanasio, por el contrario, cuando moría decía que su vida la había pasado mal pero que nadie pudo con él. La valentía de que hizo gala fue tan extraordinaria que todos los cristianos lo admiraban y veían en él el paladín de los defensores de las verdades cristianas a costa de su propia vida. La libertad religiosa se convirtió para él en una de sus grandes preocupaciones. Muchas veces echamos en el baúl del olvido lo que aconteció antes de nosotros. Este mismo tema, tan aclamado en la España posfranquista, estaba ya vigente en el siglo IV. Se puede decir que no hay nada nuevo bajo el sol. Murió tal día como hoy en el año 373. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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