sábado, 18 de noviembre de 2017

San Fructuoso

Etimológicamente significa “ que da frutos”. Viene de la lengua latina. Sitúate en el siglo VII. Te vas a encontrar con una de las figuras o lumbreras más sobresalientes de la Iglesia española y de todo el Occidente. Recibió su educación en la escuela de los monjes, costumbre normal en aquellos tiempos. Era de un carácter vivo, alegre y emprendedor. Su familia estaba emparentada con los reyes visigodos. Su padre ostentaba un alto cargo militar. Desde que era un niño, se sintió atraído por la vida de oración, silencio y soledad. Las cosas de Dios. Soñaba con entregarse a Dios enteramente. Para ello se desprendió de todo el dinero y posesiones que tenía. Corría la voz por entonces de que el obispo de Palencia era un buen maestro, un buen obispo y un sabio. Fructuoso, joven inquieto, se fue hasta ese lugar en busca de Conancio, nombre del obispo. Se encontró con muchos chicos de su edad. Esto le turbaba su amor a la soledad y su entrega a la oración. Su fama de joven recto se extendió muy pronto. Otros le seguían en las diversas fundaciones que implantaba en Portugal, Galicia y por León. Todo el mundo gozaba con su presencia, su santidad y su inteligencia. Por eso no era de extrañar que los mismos reyes y jefes le tenían miedo porque se llevaba a la juventud de calle. Y no era nada facilón en el trato de quienes le seguían. Les hablaba tan claro como la luz de la aurora. Les decía que tenían que someterse a la Regla del monasterio. Quien no sea digno, que coja otro camino. ¿Qué decía la Regla? Dos cosas fundamentales: la vida comunitaria es la base de una vida de monje y, en segundo lugar, la obediencia es clave para vivir en un monasterio. Durante estos viajes y peregrinaciones hacía maravillas con la gente. Hablaba por los lugares por donde pasaba y mucha gente se apartaba del mal camino para emprender el bueno. San Braulio, obispo de Zaragoza dijo de él estas palabras:"Brillante faro de la espiritualidad española". Pasado el tiempo, se ordenó de sacerdote y llegó a ser obispo de Dumio y metropolitano de Braga. Aquí murió pero su cuerpo se lo llevó a Compostela el obispo Gelmírez. Era el año 665. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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