martes, 21 de noviembre de 2017

San Prudencio

Etimológicamente significa “circunspecto”. Viene de la lengua latina. Este santo es de origen español. Pertenece al siglo VIII. Murió en Troyes, Francia, en el año 861. En realidad su nombre era Galando, pero por amor a nuestro compatriota Prudencio, gran poeta del siglo IV, se cambió de nombre. Hay quien dice que lo hizo también porque se le daba bien la pluma. De hecho, su primera obra data del tiempo en que fue capellán de Luis Debonnaire, hijo de Carlomagno. Se trata de una recopilación de los pasajes más preciosos de los Salmos de la sagrada Biblia. Los compuso para la emperatriz Judith, segunda mujer de Luis. Esta mujer sufrió mucho a causa de las intrigas palaciegas. Estas condujeron al imperio a la ruina, sobre todo con llegada al trono de Carlos el Calvo. La obra literaria de Prudencio se convirtió poco a poco en el Breviario de los monjes itinerantes. Continuó escribiendo cuando fue nombrado obispo de Troyes. Su amplia cultura en ese siglo le llevó a escribir preceptos, código de dogma y moral para los sacerdotes. Siendo como eran los franceses, tuvieron que reconocer que era el mejor obispo que había en todo su país. Sus dotes intelectuales las desplegó, además, para luchar contra la herejía de los pelagianos. ¿Cuál era esta herejía? Fue una herejía del monje Pelagio allá por el siglo V. Negaba que el pecado de Adán hubiera afectado a toda la humanidad. Negaba, prácticamente, la necesidad de la gracia de Dios para alcanzar la salvación. Esta herejía fue condenada en varios concilios locales y por los Papas Inocencio I y Zósimo. Fue un buen teólogo para la controversia y un buen pastor de almas, coherente consigo mismo y ansioso del bien de todos tanto en lo material como n lo espiritual. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!


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